Nuestra soberanía del dato. ¿Y cuando llegue la cuántica?
El conocimiento de proceso es lo que permite replicar una línea en otra planta, industrializar un producto o realizar una transferencia tecnológica a un socio industrial.
Para convertirlo en un activo real necesitamos dos cosas: digitalizarlo y protegerlo.
Digitalizarlo hace que pertenezca a la compañía y no a una planta o a unas pocas personas. Antes de digitalizar hay que ordenar, y de eso ya hablé en el post «mide dos veces, corta una».
La forma de protegerlo va a cambiar de raíz con la computación cuántica. Hoy todavía no rompe el cifrado que protege nuestra información, y nadie sabe con certeza cuándo lo hará. Pero Europa ya ha puesto fechas: la hoja de ruta marca finales de 2026 para empezar la transición a la criptografía poscuántica, y 2030 como límite para los usos de alto riesgo.
El motivo es sencillo.
Lo que se copie hoy puede guardarse y leerse cuando la tecnología lo permita.
Para la información que caduca en meses no importa. Para el conocimiento de proceso, que vale durante décadas, sí.
Así que la pregunta no es técnica, es de dirección: qué parte de lo que sabemos tiene que seguir siendo confidencial dentro de diez años, en cuántos sistemas, plantas y proveedores está repartida, y si quienes la custodian tienen un plan para cuando cambie el cifrado.
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